viernes, 19 de abril de 2013

Van Gogh - Cartas a Theo

Autor: Juan Podadera Marín
Padre de alumna


¿Cómo pintar el sonido del viento entre las flores?
¿Cómo pintar la pasión del sol por los girasoles?
¿Cómo pintar el silencio de alguien al que llaman loco...?

Por la mañana
contemplo la siega
frente a la casa amarilla,
y al labriego que descansa
junto al árbol de flores rosas,
observando en el cielo el vuelo de la alondra.

Pero al atardecer
veo un campo de trigo
bajo un cielo tormentoso,
esperando la llegada de los cuervos,
aves negras que me sobrecogen,
como si conocieran las palabras
que nunca te escribiré.

Yo sólo busco calor, sólo el color.
Quiero ser como el girasol,
recordar el aroma del almendro en flor
y escapar de esta habitación tan pequeña.
¿Cómo podré pintar la libertad de las aves al volar?
¿Cómo contar las gotas de agua que trae la lluvia que me moja?

Me miro al espejo una y otra vez
para enfrentarme siempre con lo mismo,
un rostro gris de barba roja
y unos ojos duros mirándome sin esperanza...
¡Hay tanto fuego dentro...!,
pero nadie a quien calentar,
ni siquiera a mí.
¿Qué sientes tú al ver mis lienzos?
Pintaré en cada momento de mi vida
y cuando llegue mi final, miraré atrás
y preguntaré por todo lo que no he hecho.

Siempre busco el blanco y negro
y después le doy color,
pero hay momentos en que cada pincelada
es más oscura que la noche,
y la noche se hace más larga
y cada dibujo es sólo un borrón...
Es como si ya no quisiera ver
y lo poco que veo es gris y deforme.
¡Qué negra es la distancia
que me separa de ti, Theo!

Ya no sé manejar el pincel de la vida,
por eso dejo mi obra, abandono la luz,
sin penas ni alegrías, quizás con ira.
Me siento fracasado, pero este es mi destino.
¿Recuerdas la lápida con mi nombre
bajo la ventana de casa...?
Ya había muerto antes de nacer,
pero seguiré vivo después de morir.

Las sombras de mi locura
van invadiendo mis silencios,
no encuentro en mi alma los ecos de tu voz
y no existe el infinito en mi mirada.
No esperaré la muerte en una triste esquina,
el frío no se ahuyenta fácilmente,
parece como si no existieran el alba y el crepúsculo,
tan sólo hay horas grises.

Antes de irme
pintaré sobre mi última tela,
pero no habrá paisajes ni modelos,
sólo un autorretrato de naturaleza muerta,
con un único toque de silencioso color.
La soledad no quiere ruidos, Theo.

BANG 


 

El sapo verde



Autora: Carmen Gil

Recita: Sara Ocampo Murgueito
Curso: 5º C

Ese sapo verde
se esconde y se pierde;
así no lo besa
ninguna princesa.

Porque con un beso
él se hará princeso
o príncipe guapo;
¡y quiere ser sapo!

No quiere reinado,
ni trono dorado,
ni enorme castillo,
ni manto amarillo.

Tampoco lacayos
ni tres mil vasallos.
Quiere ver la luna
desde la laguna.

Una madrugada
lo encantó alguna hada;
y así se ha quedado:
sapo y encantado.

Disfruta de todo:
se mete en el lodo
saltándose, solo,
todo el protocolo.

Y le importa un pito
si no está bonito
cazar un insecto;
¡que nadie es perfecto!

¿Su regio dosel?
No se acuerda de él.
¿Su sábana roja?
Prefiere una hoja.

¿Su yelmo y su escudo?
Le gusta ir desnudo.
¿La princesa Eliana?
Él ama a una rana.

A una rana verde
que salta y se pierde
y mira la luna
desde la laguna.


Araña de techo



Recita: Nicolás Abella González
Curso: 5º C

En un ángulo de viga
del techo del dormitorio,
una araña está guisando
su menú de repertorio.

De primer plato ha cazado
un mosquito de trompeta
(rebosante su depósito
de la sangre del poeta).

De segundo ha conseguido
un moscardón sandunguero,
que venía de bañarse
en el Gran Estercolero.

Para postre va a probar
un a ala de mariposa,
que quedó en la telaraña
como un pétalo de rosa.

Si no para de comer
tal montón de proteínas,
la pondrá el veterinario
¡a dietas de mandarina!

Canción primaveral



Autor: Federico García Lorca

Recita: Manal Saidi
Curso: 5º C

Salen los niños alegres
de la escuela,
poniendo en el aire tibio
del abril canciones tiernas.
¡Qué alegría tiene el hondo
silencio de la calleja!
Un silencio hecho pedazos
por risas de plata nueva.

El manzano



Recitan: Saleta Sánchez Ayerbe y Victoria Dordyay Fedoruk
Curso: 5º C

Hay un manzano muy alto
a las orillas del río,
y algunas ramas dan sombra
a un soleado camino
si te paras junto a él,
te contará muchas cosas:
relatos de caminantes,
leyendas, cuentos e historias
Te cantará sus canciones
de música vegetal
¡ Dulces frutos, tiernas hojas
en un coro celestial !
Es el manzano del rio
descanso del caminante
y alegría del camino.

Las hojas de otros libros



Autor: Antonio Rubio

Recita: Juan A. Cancelada Gutiérrez
Curso: 5º C

Las hojas de los libros
de la tortuga,
son de lechuga.
Las hojas de los libros
de la cigarra,
hojas de parra.
Las hojas de los libros
del caracol,
hojas de col.

Del calamar,
algas de mar.
Del ermitaño,
de castaño.
De la lombriz,
de regaliz..

Mi cuna



Autor: Juan Ramón Jiménez.

Recita: Cristian Álvarez Alcántara
Curso: 5º C

¡Qué pequeñita es la cuna,
qué chiquita la canción;
mas cabe la vida en esta
y en aquella el corazón!

Nadie ríe aquí de ver
a este niño grandullón
mecerse, quieto, en su vieja
cuna, a la antigua canción.

(¡Qué pequeñita es mi vida,
qué tierno mi corazón!
¡Este me cabe en la cuna,
y la vida en la canción!)

¡Cómo se casan los ritmos
de cuna y de corazón!
¡Los dos vuelan por la gloria
en una sola pasión!

¡Qué pequeñita es la cuna,
qué chiquita la canción;
mas cabe la vida en esta
y en aquella el corazón!

El zapato fugitivo



Autor: Miquel Desclot

Recita: Lidia Álvarez Botella y Noelia Campello Charles
Curso: 5º C

La desventurada Laura,
sin ninguna explicación,
ha perdido su zapato
en el baile de salón:
no lo encuentra en la escalera
ni en el ancho corredor,
ni tampoco en el vestíbulo
ni en la sala comedor.
También busca en el jardín
detenidamente un rato,
y en el patio del garaje,
donde tiene casa el gato.
La glorieta de jazmines
y el caliente invernadero
no le alientan la esperanza
de encontrar su paradero.
La lechuza asustadiza
y la luna en el creciente
certifican su ignorancia
del insólito accidente.
Se propaga la noticia
por la tierra, sin sosiego,
en gaélico y flamenco,
en latín, sánscrito y griego.
El rumor se extiende raudo
a mil metros por segundo,
pero el mísero zapato
se ha esfumado de este mundo.
La chiquilla no se arredra
aún saltando a pie desnudo,
y le va a la zaga siempre
en calor o en frío agudo;
por Alaska e Indonesia,
por Bermudas y Gabón,
por Islandia y Eslovaquia,
por la China y el Japón.
Por llanuras y altozanos,
salta que te saltarás,
desde Odesa o Pernambuco
hasta el pueblo de Araguás.
Por praderas y espesuras,
por el mar y el Teneré,
¡siempre tras aquel ingrato
que se le escapó del pie!


El caballo bayo



Autor: Carlos Murciano

Recita: Diego Guerra García y Enrique Pérez Haro
Curso: 5º C

Las crines al aire,
detrás de la valla,
el caballo bayo
relincha y se enfada.

Quiere ir a los prados,
galopar sin trabas,
cruzar el arroyo,
beber en la charca.

Quiere ser tan libre
como son las águilas
que vuelvan sin prisa
sobre las montañas;

Libre como el viento,
libre como el agua
y como las nubes
que pasan y pasan.

El caballo bayo
se saltó la valla
y pace los tréboles
de la madrugada.


Pegasos, lindos pegasos



Autor: Antonio Machado

Recita: Marina Pérez Haro
Curso: 5º C

Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera...

Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!

La canción del árbol



Autora: Angelina Gataell

Recitan: niñas y niños de 5º C

Por falta de un ruiseñor
que en mi copa se posara,
que en mis hojas alentara
con nueva o vieja canción,
por falta de un ruiseñor
están marchitas mis ramas.

Y ya no crece la hierba
alrededor de mi falda
ni acaricia la brisa
los verdores de mi cara,
ni las amapolas dicen
su canción enamorada.

Por falta del ruiseñor
que se me fue una mañana
cuando mi savia dormía
alegremente confiada.
Por falta de un ruiseñor
están marchitas mis ramas.


La semilla



Autor: M. F. Juncos

Recitan: niñas y niños de 5º B


Oculta en el corazón
de una pequeña semilla,
bajo la tierra, una planta
en profunda paz dormía.

«¡Despierta!», dijo el calor.
«¡Despierta!», la lluvia fría.

La planta oyó la llamada,
quiso ver lo que ocurría,
se puso el vestido verde
y estiró el cuerpo hacia arriba.

De toda la planta que nace
esta es la historia sencilla.