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lunes, 22 de abril de 2013

Nuestros hijos

Autora: Gema Pérez Planas
Madre de alumnos

Cuando queremos tenerlos
no podemos imaginar
lo que supondrá en nuestras vidas
esta decisión singular.

Desde que vienen al mundo
cuentan con nuestra atención,
que dura toda la vida,
sin reproches, ni aflicción.


Cuando son pequeños requieren
cuidados de mil amores,
y cuando crecen, se hacen mayores,
nuestros consejos prefieren,
que aunque no lo reconocen
y son los que más les hieren
luego sí les hacen caso,
unos antes y otros con
algo de atraso.


Pero así sigue la vida,
y cuando somos ancianos
tenemos a nuestros hijos
que nos llevan de la mano
y nos miran con cariño,
viendo ellos a sus niños
con la misma sensación
que en otros años tuvimos
en su misma situación.


La sirenita de Huelin (Romance del Ochocientos)

Autor: Francisco Javier Usero Vílchez
Profesor

Variación malagueña sobre un
cuento de Hans Christian Andersen



Este cuento tan hermoso
yo os tenía que contar
porque una niña me hablaba
de las barcas, de la mar…
De su tío, de su padre,
de anzuelos, redes, boliches…
Y de muchas cosas más.

I.
Una sirena pequeña,
muy hermosa por demás
viajaba de playa en playa:
no paraba de nadar.
Desde Nerja hasta Estepona…
Entre Ceuta y Gibraltar
buscaba anillos de concha
y aretes de buen coral.
Los delfines, que la aprecian,
con ella van a saltar
y a reír entre las olas:
nunca paran de jugar.
Jureles y pescadillas
la escoltaban sin cesar.
Dos meros la protegían
por si algo fuera a pasar.
Su pasatiempo querido
era mirar navegar
los barcos en nuestras aguas,
barcos que vienen y van.

II.
Ella desea tener piernas,
le encantaría caminar.
Pasear por lindas playas;
También de amigos gozar.
Los marineros contaban
que en días de temporal
una voz lejos se oía
dulce y fina. Angelical.
Nadie supo qué era aquello.
Sólo sonaba un cantar
triste sobre todas cosas.
¡Oíd esa voz entonar!:
¨¡Hombres, si llego a una playa,
recogedme , por piedad,
secadme bien esta cola
que sirvió para nadar!¨

III.
La sirena chiquitina
varada en la arena está.
Un marinero moreno
la arropa y la va a secar.
Pasan los años. La niña
una sirena no es más.
Con la señorita Tonia
quiere aprender sin parar.
Ama a sus padres y abuelos,
en la primaria está ya
y sus vecinos y amigos
no la dejan de llamar
la sirenita de Huelin,
la hermosa reina del mar.

IV.
En las tardes del verano,
cuando se calma el terral
la niña se sienta sola:
va las ondas a observar.
Recuerda sus aventuras:
los pendientes de coral,
los anillitos de concha,
a su amigo el calamar
y al congrio que la asustaba.
Y lo que le gusta más
es que su madre la seque,
la lleve a casa a acostar
y este cuento le recite
esta noche una vez más.


En Estepona, a 20 de Abril de 2013


viernes, 19 de abril de 2013

Van Gogh - Cartas a Theo

Autor: Juan Podadera Marín
Padre de alumna


¿Cómo pintar el sonido del viento entre las flores?
¿Cómo pintar la pasión del sol por los girasoles?
¿Cómo pintar el silencio de alguien al que llaman loco...?

Por la mañana
contemplo la siega
frente a la casa amarilla,
y al labriego que descansa
junto al árbol de flores rosas,
observando en el cielo el vuelo de la alondra.

Pero al atardecer
veo un campo de trigo
bajo un cielo tormentoso,
esperando la llegada de los cuervos,
aves negras que me sobrecogen,
como si conocieran las palabras
que nunca te escribiré.

Yo sólo busco calor, sólo el color.
Quiero ser como el girasol,
recordar el aroma del almendro en flor
y escapar de esta habitación tan pequeña.
¿Cómo podré pintar la libertad de las aves al volar?
¿Cómo contar las gotas de agua que trae la lluvia que me moja?

Me miro al espejo una y otra vez
para enfrentarme siempre con lo mismo,
un rostro gris de barba roja
y unos ojos duros mirándome sin esperanza...
¡Hay tanto fuego dentro...!,
pero nadie a quien calentar,
ni siquiera a mí.
¿Qué sientes tú al ver mis lienzos?
Pintaré en cada momento de mi vida
y cuando llegue mi final, miraré atrás
y preguntaré por todo lo que no he hecho.

Siempre busco el blanco y negro
y después le doy color,
pero hay momentos en que cada pincelada
es más oscura que la noche,
y la noche se hace más larga
y cada dibujo es sólo un borrón...
Es como si ya no quisiera ver
y lo poco que veo es gris y deforme.
¡Qué negra es la distancia
que me separa de ti, Theo!

Ya no sé manejar el pincel de la vida,
por eso dejo mi obra, abandono la luz,
sin penas ni alegrías, quizás con ira.
Me siento fracasado, pero este es mi destino.
¿Recuerdas la lápida con mi nombre
bajo la ventana de casa...?
Ya había muerto antes de nacer,
pero seguiré vivo después de morir.

Las sombras de mi locura
van invadiendo mis silencios,
no encuentro en mi alma los ecos de tu voz
y no existe el infinito en mi mirada.
No esperaré la muerte en una triste esquina,
el frío no se ahuyenta fácilmente,
parece como si no existieran el alba y el crepúsculo,
tan sólo hay horas grises.

Antes de irme
pintaré sobre mi última tela,
pero no habrá paisajes ni modelos,
sólo un autorretrato de naturaleza muerta,
con un único toque de silencioso color.
La soledad no quiere ruidos, Theo.

BANG 


 

Una visita de San Nicolás
(romance hispánico para niños de todas las edades)

Autor: Francisco Javier Usero Vílchez
Profesor

Víspera de Navidad
En la casa silenciosa.
Todo estaba muy quieto:
No se oía ni una cosa.
Junto a la chimenea,
Con cariño colgados,
Calcetines esperan
 A quien trae los regalos.
Los niños acostados
en sus camas reposan.
Sueñan en los turrones
Y en diez mil mariposas.
Mamá con su toquilla
Y yo con mi gabán
Nos sentamos tranquilos
 Al calor del hogar.
Y de pronto un rüido
Surgió en la madrugada
Y salté de mi silla
Para ver qué pasaba.
Y hacia la ventana
Volé como un rayo.
Descorrí las cortinas,
 Dejé caer mi sayo.
Y el claror de la luna
Brillaba sobre el campo:
Otorgaba irreal luz
A todo el manto blanco.
Cuando vi de repente
Ante mí aparecer
Un pequeño trineo
 y ocho renos con él.
Y guiando el trineo
Ligero y presuroso
Descubrí al instante
a “Santa” sudoroso.
Raudos como alcotanes
Los renos obedecían
Los silbidos y órdenes
Que Nicolás decía:
“Venga Dasher y Dancer!
¡Ahora Prancer y Vixen!
¡Tranquilos Comet, Cupid!
¡Parad Donder y Blitzen!
Y cual las secas hojas
Que en el otoño vuelan
Remontaban el cielo
 En su veloz carrera.
Y a lo alto de la casa
Vinieron a llegar,
Cargados de regalos;
Cansado, Nicolás.
Un momento después
Escuché en el tejado
Un rumor de pezuñas
Tranquilo y reposado.
Y al volver mi cabeza
Y dejar la ventana
Me sorprendió “San Nico”:
¡La chimenea bajaba!
Envuelto todo en pieles
De pies a la cabeza,
Sus ropas se veían
En cenizas envueltas.
Un saco de juguetes
A su espalda llevaba:
Parecía un buhonero
Vendiendo su quincalla.
Sus ojillos reidores,
Su cara colorada,
Sus mejillas de rosa,
La nariz encarnada.
La boca pequeñuela,
Sonriente y despejada
Y la barba en su rostro
Blanca como nevada.
En su boca una pipa
San Nicolás llevaba
Y el humo que salía
Su cabeza aureolaba.
Tenía la cara ancha
Y redonda barriga
Que al reirse bailaba:
Ora abajo , ora arriba.
Regordete y panzón,
Era como un gran duende
Y reprimí mi risa:
 ¡No quería que me oyese!
Pero miró hacia mí
Y un ojo me guiñó:
Quería hacerme saber
Que no estorbaba yo.
No dijo ni palabra.
Su menester siguió
Y llenaba las medias:
 Muy pronto terminó.
Tocando su nariz
Con el pequeño dedo
Agitó la cabeza
Y... ¡se elevó en un vuelo!
“Santa” de su trineo
Las riendas agarró:
Con un silbido dulce
El tiro obedeció.
Y mientras en el cielo
Se los veía volar,
Alcancé a oír la voz
Del noble Nicolás
Que, comprensivo y dulce,
¡Tan lleno de bondad!
Decía: “Haya paz en el mundo
 Y... ¡Feliz Navidad!”

jueves, 18 de abril de 2013

Madre mía

Poema elegido por Delia Ordóñez (profesora)


Autora: Celeste Luna

En tiempos sofocantes
eres el aliento refrescante.
De tu boca escucho
palabras de consuelo.

Me cantas canciones suaves
que me cubren como guantes.
La ternura de tus besos
podría llegarle al corazón a un preso.

Tus brazos son lazos atrayentes
que dan alivio a almas vivientes.
Mirándote, no comprendo
como nací de un ser tan supremo.
 

Noche oscura del alma (fragmento)

Poema elegido por Dori Sanmartín (profesora)


Autor: San Juan de la Cruz



En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
 
 

miércoles, 17 de abril de 2013

Poema de la edad tonta

Autor: Luis de Sola Jurado
Profesor

(dedicado a los notanniños y a las notanniñas de 6º B)

Sin ni siquiera haberlo yo pedido,
sin ni siquiera haberme avisado,
todo se altera en este cuerpo mío,
este cuerpo que ahora me es extraño.

Lo que antes era plano ahora se abulta
y lo que era pequeño se agiganta,
dicen que es el paso a edad adulta,
pero a mí me gustaba más la infancia.

Mi cerebro no asimila este lío,
mis profes y mis padres no me aguantan,
menos mal que aún tengo a mis amigos
que están en las mismas circunstancias.

Ya sé que todo esto es pasajero,
que no es más que una etapa de la vida,
que muchas de las cosas que no entiendo
muy pronto estarán más que sabidas.

Pero antes de que todo eso llegue,
antes de que sea aburrimiento,
antes, dejen que nos afecte
todo lo que vamos descubriendo.


El Piyayo

Poema elegido por Delia Ordóñez (profesora)

Autor: José Carlos de Luna